Haciendo
gala de una aterradora fusión entre lo absurdo y lo
inconstitucional, Aguinaga y otros ‘padres’ de la patria
llevaron al pleno del Congreso su particular visión acerca de la
Convención Iberoamericana de los Derechos de los Jóvenes. Sin
embargo, los congresistas no son tan creativos, hicieron copy
and paste de los argumentos del Ministerio de Relaciones
Exteriores respaldados por el otrora “ministerio de la
juventud”.
A estas
alturas, a pocos sorprende que en Torre Tagle se argumente sobre
una relación entre el derecho a no ser discriminado por
orientación sexual y el matrimonio homosexual –con lo que se
pretende negar el principio de la no discriminación-, sin
embargo sorprende (y asquea) que el Consejo Nacional de la
Juventud (CONAJU) haya hecho suyo el argumento a fin de recortar
un tratado internacional que promueve los derechos de los
jóvenes.
Una
reserva anunciada
El 11 de
octubre de 2005 España albergó a los ministros de juventudes de
Iberoamérica con el ánimo de que los jóvenes cuenten con “las
bases jurídicas que reconozcan, garanticen y protejan sus
derechos, asegurando así la continuidad y el futuro de nuestros
pueblos”.
La Convención, en ese sentido, busca eliminar las situaciones de
desigualdad que enfrentamos miles de jóvenes, a fin que todos
podamos “gozar y disfrutar de todos los derechos humanos”
sin distinción por motivo alguno, como la orientación sexual.
Hasta ahí,
la historia de la Convención es más que romántica, sin embargo
los archivos de la CONAJU contienen más de una línea que lo
vinculan a las elucubraciones de los sectores confesionales
instalados en Torre Tagle.
Casi dos
meses antes de la suscripción de la Convención, la Oficina de
Asesoría Jurídica (OAJ) de la CONAJU señaló que “si bien
estamos de acuerdo con la no discriminación, incluso por
orientación sexual, entendemos que la suscripción sin
reserva, en cuanto a este tema, podría generar grandes
complicaciones a la legislación”
ya que reconocer que las lesbianas, travestis, gays y bisexuales
son iguales ante la ley dejaría la puerta abierta para que
exijan el derecho a casarse como cualquier ciudadana/o
heterosexual.
Así, desde
el supuesto que las lesbianas, travestis, gays y bisexuales
queremos casarnos desesperadamente, y a fin de evitar al Estado
la “gran complicación” de modificar la normatividad para que
todas y todos los peruanos seamos iguales ante la ley, la
OAJ/CONAJU se adhirió a las recomendaciones de la Cancillería
respecto a las reservas a los artículos 5º, 14º y 20º de la
Convención. Incluso, a fin de validar la retrógrada postura,
cita sentencias internacionales
con las que pretenden validar su posición.
Finalmente,
con poderes plenipotenciarios y reservas anunciadas, Carmen
Vegas Guerrero, entonces presidenta del CONAJU, suscribió la
Convención en representación del Estado peruano.
Probablemente Vegas no recordó que su despacho responde a
“los principios constitucionales de igualdad ante la ley y el
derecho de todos los ciudadanos peruanos a no ser discriminados”[6],
a
fin de cumplir con la expectativa juvenil de “ser reconocidos
como diferentes pero con igualdad de oportunidades”[7].
En este
sentido, las reservas planteadas, argumentadas y sostenidas por
el despacho de Vegas colisionan con los principios
constitucionales a los que responden los Lineamientos de
Política Nacional de Juventudes: Una Apuesta para Transformar el
Futuro,
documento base del CONAJU en el que se basa el Plan Nacional
de la Juventud, ambos documentos política de Estado.
Me pesa
tu silencio… cómplice
Sin embargo
el debate no termina en el carácter inconstitucional de las
reservas, ni en con cuántas normas internacionales, regionales y
nacionales colisiona.
En el
Ministerio de Educación (MINEDU), que alberga a la ahora
Secretaría Nacional de Juventudes (SNJ), nadie se da por
enterado de las reservas planteadas ni de las responsabilidades
que del sector en la promoción de políticas que promuevan los
derechos de los jóvenes sin ningún tipo de discriminación.
Es probable
que ni Chang Escobedo ni Puente de la Mata, ministro de
educación y secretaria nacional de la SNJ respectivamente,
recuerden –por las artes del olvido selectivo- que el Plan
Nacional de la Juventud
se erige integrando el enfoque de equidad de género, que
“promueve la igualdad entre mujeres y hombres y entre las
personas con orientación sexual diversa. Asumen como objetivo la
eliminación de toda forma de discriminación, maltrato o
violencia basada en el género y la orientación sexual”.
En este
sentido, corresponde al MINEDU y a la SNJ pronunciarse
inmediatamente enmendando la sustentación de las reservas
planteadas a la Convención, además de tomar acciones que
promuevan los derechos de las y los jóvenes no heterosexuales.
El cómplice
silencio del MINEDU y de la SNJ no sólo desconoce la política
del Estado referida a los derechos de las y los jóvenes, sino
que sigue sentenciando a miles de ciudadanas y ciudadanos
peruanos a acoso, persecución, violaciones y asesinatos. ¿No
recuerdan la presentación del Plan, que sostiene que “el
Estado peruano deberá rendir cuentas sobre su cumplimiento”?
A pocas
horas de conmemorarse el Día Internacional de los Derechos
Humanos, la historia coloca en un lugar privilegiado a Chang
Escobedo y a Puente de la Mata: pueden enmendar los graves
errores de Carmen Vegas, ex presidenta del CONAJU, o guardar un
cómplice silencio.
Lima, 07
de diciembre
de 2007